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LA LUZ DEL MUNDO

“Dios, en el principio, creó los cielos y la tierra. La tierra estaba desordenada y vacía, las tinieblas cubrían la faz del abismo, y el espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas.

Luz y tinieblas

Y dijo Dios: «¡Que haya luz!» Y hubo luz. Y vio Dios que la luz era buena, y separó Dios la luz de las tinieblas; a la luz, Dios la llamó «Día», y a las tinieblas las llamó «Noche». Cayó la tarde, y llegó la mañana. Ése fue el día primero”.

Así describe el libro del Génesis el inicio de la Creación: “Y vio Dios que la luz era buena y separó la luz de las  tinieblas”. En todas las religiones y mitos fundadores encontramos la dualidad luz – tinieblas. Pero mucho antes que el Génesis fuera escrito, la humanidad sabía que la luz era buena y su ausencia  era mala. Desde Edison, el hombre tecnológico ha domesticado la oscuridad, pero el hombre primitivo, el hombre de las cavernas, el hombre antiguo, había ya aprendido que la oscuridad era peligrosa.
Disminuida su capacidad de percibir a través del más poderoso de sus sentidos,   la visión, quedaba expuesto a la sed de sangre de los predadores, a la amenaza  ancestral de la naturaleza, al temor interior que generaba fantasmas y monstruos imaginarios. Y aun después de conquistar el fuego, conquista robada a los dioses por Prometeo, según los mitos griegos, el hombre abroquelado en grupos, esperaba ansioso y tembloroso, la bendición del amanecer que despejaba sus fantasmas.

La dualidad física se transformó en dualidad moral, la luz el símbolo de la virtud, bondad, la sabiduría, la perfección. La oscuridad, el vicio, la maldad, aun lo demoníaco.  Esa dualidad moral se proyectó en el arte, en la literatura, y  en la religión.

¿Qué luz es la que asoma por aquella ventana? ¡Es el Oriente! ¡Y Julieta es el sol! Amanece tú, sol, mata a la envidiosa luna. Está enferma, y cómo palidece de dolor, pues que tú, su doncella, en primor la aventajas. ¡No la sirvas ya más, que ella te envidia! Su manto de vestal es verde y enfermizo, lo propio de bufones. ¡Aléjalo de ti! ¡Es ella, sí, mi dama! ¡Es, ay, mi amor! ¡Si al menos ella lo supiera! Habla y no dice nada. Más, ¡qué importa! Lo hacen sus ojos, y he de responder. ¡Mi esperanza qué necia, pues no es a mí a quien habla! Dos estrellas del cielo entre las más hermosas han rogado a sus ojos que en su ausencia brillen en las esferas hasta su regreso. ¡Oh, si allí sus ojos estuvieran! ¡Y si habitaran su rostro las estrellas la luz de sus mejillas podría sonrojarlas como hace el sol con una llama! ¡Sus ojos en el cielo alumbrarían tanto los caminos del aire que hasta los pájaros cantaran ignorando la noche! 

 Romeo y Julieta (W. Shakespeare)

Oh, dioses de la noche, de la melancolía y del suicidio.
Oh, dioses de las ratas y las cavernas, de los murciélagos, de las cucarachas.
Oh, violentos e inescrutables dioses del sueño y de la muerte.
Oh, dioses de las tinieblas, del incesto y del crimen.

 Sobre Héroes y tumbas (Ernesto Sábato)

EL BIEN Y EL MAL EN BLANCO Y NEGRO

 En el campo visual luz y tinieblas, blanco y negro, son presentados con frecuencia como representantes del bien y el mal. Las historias de héroes y villanos,  necesitan  identificar rápidamente los antagónicos, y mucho más cuando  están dirigidas  a un público menor, que no sabe de puntos medios.

Luz y tinieblas, el bien y el mal, claramente identificados.

DUALIDAD y COMPLEMENTO

El pensamiento dual tiende a dividir el universo en dos. Una reflexión madura ve otras posibilidades, después de todo la luz y la tiniebla se dan sentido una a otra o se realzan mutuamente. Dice un bello poema del escritor argentino Domingo Zerpa: “Quisiera ser de mi vida, un farolcito de aldea, de día no alumbrar nada, de noche ser una estrella.”

Pero no sólo en los mitos, en la  religión y en el arte, se identifica la dualidad física con la moral. También el racionalismo tuvo su Era de la Iluminación, pero no a través de la revelación sino a través del conocimiento. Y se suele llamar a períodos de la historia especialmente ricos en producción cultural como la “Era o el Siglo de las Luces” y por contraposición a otras épocas se las llama “Eras Oscurantistas”.  La humanidad ha pasado por varias de ellas.  Me pregunto, ¿qué tiempos  estamos viviendo?

DIOS ES LUZ

Como era de esperarse lo divino, Dios mismo, es identificado como la luz. Jesús dice en el Evangelio de Juan, o mejor dicho, Juan le hace decir a Jesús: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, tendrá la luz que le da vida, y nunca andará en la oscuridad”. 

Mahoma escribe el texto sagrado “iluminado” por la revelación. “La luz de Alá desciende sobre los profetas, por eso Mahoma se hace envolver, para no asustar a los hombres con esa luz y para evitar que ésta se disuelva”.

En consecuencia no es extraño que encontremos en todas las épocas, liturgias o ceremonias relacionadas con la luz. Por otra parte la luz, a diferencia de la Palabra, impacta directamente en nuestro cerebro primitivo, que recuerda la edad oscura y la bendición de la luz del fuego o del amanecer.

Todas las culturas además están sometidas al ciclo de las estaciones y celebran la terminación del invierno y el comienzo del solsticio cuando los días empiezan a prolongarse.

Ya desarrollé como la Navidad se funde y absorbe  las fiestas paganas del Sol. Uso el término pagano no en forma peyorativa sino como una realidad religiosa diferente que permanece vigente.

EL SIGNIFICADO DE LAS VELAS

Aun en nuestra era tecnológica, la luz de  las velas tiene un significado especial.  Los cumpleaños se celebran con una torta con velitas, cada vela encendida representa un año de vida. La vela encendida es entonces símbolo de vida, y más aun, símbolo de lo tenue y frágil que puede ser la vida.

Estamos en tiempo de Navidad y los cristianos tienen gestos litúrgicos con las velas. Me interesé en buscar en qué otras religiones podemos encontrar  esta expresión simbólica de la luz de las velas. Una que conocía por su popularidad y por un hecho coral que explicaré después, es la festividad judía de Janucá o Fiesta de las Luces.

JANUCÁ

Según Wikipedia, Janucá  o «Fiesta de las Luces», es una festividad judaica que se celebra durante ocho días, y en la que se conmemora la derrota de los helenos y la recuperación de la independencia judía a manos de los macabeos sobre los griegos, y la posterior purificación del Templo de Jerusalén de los iconos paganos, en el siglo II a. C.

El vocablo hebreo “Jánuca” significa “inauguración” o “dedicación” y tiene la misma raíz hebrea que “Jinuj” (educación). Esta festividad no se basa en la Torah, sino que forma parte de distintos hechos históricos que dieron a los sabios del Talmud las bases para ser instaurados como festividades.  Estos hechos están relatados en los libros de los Macabeos, que no están incorporados en la Biblia protestante, pero sí en la católica. Así dice el primer libro Macabeo en el capítulo  4:

4:52 El día veinticinco del noveno mes, llamado Quisleu, del año ciento cuarenta y ocho, se levantaron al despuntar el alba

4:53 y ofrecieron un sacrificio conforme a la Ley, sobre el nuevo altar de los holocaustos que habían erigido.

4:54 Este fue dedicado con cantos, cítaras, arpas y címbalos, justamente en el mismo mes y en el mismo día en que los paganos lo habían profanado.

4:55 Todo el pueblo cayó con el rostro en tierra y adoraron y bendijeron al Cielo que les había dado la victoria.

4:56 Durante ocho días celebraron la dedicación del altar, ofreciendo con alegría holocaustos y sacrificios de comunión y de acción de gracias.

JANUKA

La tradición judía habla de un milagro, en el que pudo encenderse el candelabro del Templo durante ocho días consecutivos con una exigua cantidad de aceite, que alcanzaba solo para uno. Esto dio origen a la principal costumbre de la festividad, que es la de encender, en forma progresiva, un candelabro de nueve brazos llamado januquiá (uno por cada uno de los días más un brazo «piloto»).

Conocía el origen de la festividad y los hechos históricos, porque en el año 2010 canté el oratorio Judas Macabeo de George F. Haendel. Una obra maravillosa. Una de las arias más conmovedoras es Padre del Cielo:

Padre del Cielo desde tu trono eterno
Míranos y bendícenos
Mientras nos preparamos con ritos santos
Para la solemne Fiesta de las Luces
Nuestros corazones agradecidos acepta.

 

DIWALI

En cambio me era totalmente desconocida la festividad  del Diwali (también Divali, Deepavali o Deepawali)  conocida también (oh casualidad)  como el «festival de las luces», que celebran miembros de varias religiones en India, como el hinduismo, el sijismo y el jainismo.

Según Wikipedia, se celebra especialmente en  India, Sri Lanka, Myanmar, Mauricio, Guyana, Trinidad y Tobago, Surinam, Malasia, Singapur y Fiji.

Este año se celebró el  26 de octubre, y el año próximo será el 13 de noviembre.

Durante el Diwali, celebrado una vez al año, la gente estrena nuevas ropas, comparte dulces y hace explotar petardos y fuegos artificiales. Es la entrada del nuevo año hindú, y una de las noches más significativas y alegres del año.

La divinidad que preside esta festividad es Lakshmí. En el hinduismo, ella  es la consorte eterna del dios Visnú, diosa de la belleza y de la buena suerte.

Ella es quien otorga la prosperidad y la riqueza, por eso es especialmente importante para la casta de los comerciantes (vaisyas).

La fiesta tiene lugar en el decimoquinto día de la quincena oscura del mes de kārttika (que cada año puede caer entre el 21 de octubre y el 18 de noviembre), y puede durar cuatro o cinco días. Conmemora la muerte del demonio Narakasura a manos de Krishna y la liberación de dieciséis mil doncellas que éste tenía prisioneras. Celebra también el regreso a la ciudad de Ayodhyā del príncipe Rāma tras su victoria sobre Rāvaṇa, rey de los demonios.

Según la leyenda, los habitantes de la ciudad llenaron las murallas y los tejados con lámparas para que Rāma pudiera encontrar fácilmente el camino. De ahí comenzó la tradición de encender multitud de luces durante la noche.

Las casas se limpian de forma especial y se adornan con diversos motivos y lámparas de aceite o velas que se encienden al atardecer. Es usual celebrar una comida compuesta de sabrosos platos y dulces, hacer regalos a las personas cercanas y familiares, los fuegos artificiales y los juegos. Es tradición que la diosa favorecerá de forma especial a quienes se reconcilien con sus enemigos.

VELAS DIWALI

Al anochecer se abren todas las ventanas y puertas de las casas y en cada una de ellas se realiza un ofrecimiento de luz con una lámpara de aceite o una vela, repitiendo el mismo mantra, para que Lakshmí entre para el resto del año. También se lanzan barcos de papel o lamparillas encendidas a los ríos sagrados, cuanto más lejos vayan, mayor será la felicidad en el año venidero.

El simbolismo de la fiesta consiste en la necesidad del hombre de avanzar hacia la luz de la Verdad desde la ignorancia y la infelicidad, es decir, obtener la victoria del dharma (la religión) sobre adharma (irreligión)

Se aconseja instalar un altar en un lugar preferente de las casas donde este presente una imagen de Lakshmí a la que se le ofrecerá flores, incienso y monedas mientras se repite el mantra:

Oṃ Śrī Mahā-Lakṣmīyai namah

¡Om! A la Señora Gran-Fortuna le doy reverencias.

El término «mantra» significa ‘liberador de la mente’; está formado por manaḥ (‘mente’) y trāiate (‘liberación’).

MANTRA

Se denomina así a una oración espiritual musicalmente simple que se repite una y otra vez, a veces sin variaciones. El efecto puede ser hipnótico y tengo entendido que el objetivo es liberar a la mente de la palabra o mejor dicho del trabajo de decodificar el significado de las palabras para encontrar la unidad con la deidad. Habitualmente un himno protestante tiene muchas estrofas y frases musicales. Es imposible decodificar todo esa cantidad de texto y música. Se objeta entonces la sinceridad de la adoración o del contacto con lo divino, mientras el cerebro deba trabajar a destajo. El concepto de mantra lo encontramos en expresiones musicales de todas las religiones, incluyendo el cristianismo, como veremos. Escuchemos un mantra a la diosa Laksmi.

LA CORONA DE ADVIENTO

En muchas casas y templos  vemos que en el tiempo anterior a la  Navidad, llamado Adviento, se  pone como centro de mesa una corona con velas.

CORONA DE ADVIENTO

La costumbre es de origen pagano. Esta corona representaba el ruego al sol para que regresara con su luz y calor durante el invierno. Los cristianos, absorbieron el ritual  como una liturgia que simboliza la espera de aquel que es la luz del mundo y rogarle que infunda en las  almas su luz.

Las cuatro velas representan los cuatro domingos de Adviento. La primera, segunda y cuarta vela que se encienden son de color morado. El color morado representa el espíritu de vigilia, penitencia y sacrificio. El tercer domingo se enciende una vela rosada, que representa el gozo ante la cercanía del nacimiento de Cristo.  El día de Navidad las velas moradas son substituidas otras de color rojo que simboliza el espíritu festivo de la reunión familiar. En algunos, todas las velas se substituyen por velas rojas y en el centro se coloca una vela blanca o sirio simbolizando a Cristo como centro de todo cuanto existe.

MANTRA DE TAIZÉ

Taizé es una comunidad monástica ecuménica, ubicada en Francia. Fue fundada en 1940 por el teólogo suizo Roger Schutz. Con su particular influencia entre los jóvenes, es hoy reconocida mundialmente como un llamado a la conciencia de todas las Iglesias cristianas en pro de la restauración de la unidad de todos los cristianos.  También es reconocida por sus cantos  mántricos. Los cantos de Taizé son sencillos, compuestos por frase musicales simples y un texto que se repite con variaciones instrumentales o de voces.  Este es uno de los más bellos que encontré en YOUTUBE.

Christe lux mundi,  (Cristo luz del mundo)
qui sequitur te,   (el que te sigue)
habebit lumen vitae,  (tendrá la luz de la vida)
lumen vitae,  (la luz de la vida)

LA LUZ DE LA HUMANIDAD

Por diversos caminos la humanidad busca iluminación. Lo que eso significa varía según los tiempos, los lugares, las necesidades de las personas, la fe, la educación y  la historia personal. Pero en todos los casos está presente lo que hemos aprendido de nuestros antepasados y que está grabado en nuestros genes. Luz y tinieblas son parte de un ciclo, son parte de la vida, y como tal necesitamos renovar los antiguos rituales. Si hay algo en común en estos rituales, es que son comunitarios. La luz se encuentra en comunidad, desde el cotidiano acto de encender y apagar las velitas hasta el ritual mántrico y casi sagrado de iluminarnos mutuamente. Tal como el hombre primitivo acosado por sus temores y tinieblas, atisbando el cielo, interrogando al Creador.

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Acerca de educavallo

Nací en la ciudad de Buenos Aires el 5 de mayo de 1952. Actualmente me desempeño como coordinador del area de computación del Colegio Bayard. También soy organista de la Iglesia Metodista.
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