◘ DAVID REY

DAVID REY de Jaime Barylko

Editorial EMECE

El DAVID REY de Barylco, es un libro sencillo y complejo. Es sencillo de leer porque la prosa de Barylko es clara y amena. Pero los enfoques son polifacéticos, acordes a la complejidad de la personalidad de David, un héroe, un hombre, un pastor, un músico, un poeta, un Rey.    

David Rey puede definirse como una novela histórica o una historia novelada.   ¿Es un libro de religión?. En cierta forma, porque hay allí se explícita una idea de Dios, que se proyecta al futuro. Es también un libro de pedagogía, porque un tema dominante y recurrente es la relación de los padres con los hijos.  Y éste es un tema de gran actualidad y de gran interés para todos y sobre todo para el autor. Es esta actualidad la que agrega un plus de interés a una historia ya de por sí apasionante. El lector siente que a pesar de estar conociendo la vida de un gran hombre y un gran Rey, sus miserias son parte de las nuestras y de hecho Barylco descubre en David las falencias, que en otros escritos, achaca a los padres actuales. “Ay de los pequeños padres! David no supo educar a sus hijos. Dejó que crecieran sin límites, sin pautas, sin padres. Padre no es quien  deposita su simiente en el seno de la mujer, ni madre es la que fecunda esa simiente. Estos son progenitores, hacedores de criaturas.   Padre es algo que acontece más tarde, después del nacimiento del niño, cuando uno elige ser para él y que él, el nacido, sea alguien. 

Ahora cerca de su ocaso, mira David para atrás y quisiera ser padre. Ya es tarde, los hijos son mayores y están muy lejos de él, porque él estuvo muy lejos de ellos cuando debía estar cerca”.

Un alter ego del escritor, un escriba, al tanto de las intrigas palaciegas, narra los eventos y los comenta, no con la objetividad de un historiador, pero sí con una visión crítica y comprometida. Las citas de “un astrólogo extranjero” de nombre Sigmut, son pinceladas de humor referidas al Freud y al sicoanálisis.  “En los corrillos deambulaba un hombre flaco, de mediana estatura, pensativo y de barba en punta. Era un extranjero, un astrólogo venido de no sé dónde, que a toda costa le pedía a la gente que le contara sus sueños, que él sabría desentrañar el sentido de las imágenes misteriosas que el hombre ve con los ojos cerrados”

El texto alcanza momentos de gran emotividad. Entre ellos la muerte del Rey: “Noche a noche se levantaba David, con la tercera brisa y tañía el arpa elevando canciones a Dios, melancólicas unas, esperanzadas otras.

Cuando llegó el momento de retirarle del mundo envió Dios a su ángel para que le quitara el alma. Sucedería a medianoche, cuando cuerpo y alma se distancian y cada uno sale en busca de su propio alimento.

Mientras el hombre le canta a Dios, el ángel de la muerte no puede acceder a él.  Así hubo de esperar el emisario del polvo, múltiples jornadas.

Una noche, mientras rezaba al son del instrumento, ingresó por la ventana un pájaro de mil colores y revoloteó en la habitación, en una suerte de coreografía del entusiasmo.

David se admiró, contempló esa aparición, dejó de pulsar las cuerdas e interrumpió su canto. Estaba como embrujado, en muda contemplación.

Un insondable silencio sobrevino.  

 

En ese momento el ángel que acechaba encontró su ocasión y le extrajo el alma.  Cuando se deja de cantar, es la muerte”.

 

JAIME BARYLKO

Jaime Barylko (Buenos Aires, 1936-Buenos Aires, 24 de diciembre de 2002), fue un escritor, ensayista y pedagogo argentino.   Una breve biografía nos pone en antecedentes para entender la complejidad de sus libros.

JAIME BARYLKO

 Nació en Buenos Aires en el seno de una familia judía. A los diecisiete años de edad se inició como educador, si bien a los quince años ya daba clases particulares y enseñaba Hebreo. Se recibió de Licenciado en Letras y en Filosofía en la Universidad de Buenos Aires y más tarde se doctoró en Filosofía en la Universidad Nacional de La Plata.

Realizó también estudios de posgrado en Jerusalén, y fue profesor en la Universidad de Belgrano. Durante años se desempeñó como asesor del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y del Ministerio de Educación. Fue decano de Humanidades de la Universidad Maimónides de Buenos Aires, y también director del Consejo Central de Educación Israelita y de la Biblioteca Popular Judía.

Barylko fue un experto en religiones comparadas y entre sus obras se destacan “Filosofía judía”, “Introducción al judaísmo”, “El significado de la creación” y “La filosofía de Maimónides”.

Fue además autor de numerosos libros, entre ellos “Cómo ser persona en tiempos de crisis”, “Cábala de la luz”, “El hombre que está solo y no espera”, “Valores y las virtudes”, “Sabiduría de bolsillo”, “Para quererte mejor” y “En busca de uno mismo”, “El miedo a los hijos”, “En busca de los valores perdidos”, “La filosofía, una invitación a pensar”, “Etica para argentinos”, “Yo y tú, un mundo”, y “La revolución educativa”, entre otros.

En su libro “Los hijos y la religión” (2000), Barylko propone la incorporación de la enseñanza religiosa como una asignatura del tercer año de la enseñanza secundaria, para enseñar en qué consisten las grandes religiones del mundo y los principios que se pueden tomar de cada una de ellas para aplicarlos en la vida cotidiana. Por esta razón el Arzobispado de Buenos Aires lo premió en septiembre de 2002 con el Premio Educar.

DAVID REY

Quizás sea un libro menor dentro de sus obras, lo que ya resulta una paradoja al menos para mí, porque me educaron en la visión de un gran hombre. Recuerdo la película David y Betsabé, cuyo protagonista fuera el gran actor Gregory Peck. Indudablemente Miguel Angel lo vio como un gran hombre, quizás lo esculpió a su imagen y semejanza. Estuvimos hace unos meses en Bariloche, en el Cerro Otto y nos allí encontramos con la inesperada presencia de una muestra de Miguel Angel, incluyendo tres réplicas de sus grandes esculturas.

Réplica de El David de Miguel Angel en Cerro Otto, Bariloche

 No caben dudas de la monumentalidad de la obra y de la admirable perfección de su hechura.

David, el valiente pastor, el que se enfrentó y venció al temible Goliath, al favorito de Saúl, el maestro de la lira, el poeta de Dios, el gran amante, el rey poderoso y vencedor. Sí también el pecador, el que tomó la mujer del prójimo, el que organiza un ardid para sacar del medio al esposo de su amante. De su dolor salen las palabras que hemos cantado tantas veces:

“Crea en mí, oh Dios, un puro corazón,
un espíritu dentro de mí renueva;
no me rechaces lejos de tu rostro,
no retires de mí tu santo espíritu.
Vuélveme la alegría de tu salvación,
y en espíritu generoso afiánzame;
enseñaré a los rebeldes tus caminos,
y los pecadores volverán a Ti.
Líbrame de la sangre, Dios, Dios de mi salvación,
y aclamará mi lengua tu justicia;
abre, Señor, mis labios,
y publicará mi boca tu alabanza”.

MOTETE “CREA EN MI OH DIOS UN CORAZÓN LIMPIO”

de Johannes Brhams

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3 respuestas a ◘ DAVID REY

  1. malena dijo:

    Siempre coincidí con el pensamiento de Barylo de incluir el estudio de las religiones en la educación curricular, forma parte de la formación integral y la cultura general que cualquier persona debe tener, más allá que abrace o no alguna de ellas. Nada se puede elegir sobre la base de la ignorancia.
    Todo muy intereseante y conmovedor en este tiempo de cuaresma y pascuas próximas, especialmente sensible.
    Sin embargo no deja de asombrarme y conmoverme la mirada de Yany sobre la réplica del David…..me pregunto curiosa….
    qué mira????

  2. noraviacava dijo:

    Me parece un contraste estupendo la majestuosidad y enormidad del David frente a la humildad que siempre se percibe en la obra escrita de Barylko, de la cual soy una profunda admiradora.
    Gracias Eduardo por dejarnos esta perlita en estos tiempos tan acelerados, donde lo importante deja de serlo para dar paso a lo urgente.
    Besos, nos vemos
    Nora

  3. Lucila dijo:

    Gracias, Eduardo, por esto, y especialmente por el Motete. Hace mil años lo cantamos en el Coro y me encantó volver a escucharlo y poder seguir la partitura. Brillante idea.

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