► TEATRO: TEXTO VIVIENTE

Mi pasión por el teatro fue tardía. Nació el día en que llevamos a nuestra pequeña hija Cecilia al Centro Cultural Recoleta a ver una obra para niños. No recuerdo el nombre de la misma, pero sí, la alegría y la emoción de la experiencia. Desde entonces y muchas veces de la mano de mis hijos, frecuenté maravillado los teatros de títeres, las minimalistas y emotivas obras de la Galera Encantada, y los maravillosos textos y versiones contemporáneas de Shakespeare.

La Iglesia había tenido ya grupos de teatro y no fue difícil encontrar un grupo de pares dispuestos a poner en acto mis ideas, algunas muy radicales para el ambiente. La aplicación en la liturgia fue dificultosa y no prosperó en una comunidad poco propensa a los cambios (quizás con razón).  Más apoyo y continuidad tuvimos en la puesta de obras para momentos especiales: Navidad y Pascua y aun obras del género clásico. Este es parte del material que he rescatado del paso del tiempo.

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