► TODOS CREEMOS EN UN SOLO DIOS, PERO …

TODOS CREEMOS EN UN SOLO DIOS

por Eduardo E. Cavallo

La iglesia evangélica luterana Kaiser-Wilhelm-Gedächtniskirche (iglesia en recuerdo del emperador Guillermo), coloquialmente conocida como Gedächtniskirche (iglesia del recuerdo), se halla en la plaza Breitscheidplatz, junto a la avenida de Kurfürstendamm en Charlottenburgo-Berlín (cerca del lado suroccidental del Tiergarten).
Tras ser destruida en la Segunda Guerra Mundial, se ha conservado en estado de ruina como memorial. Se compone de varios cuerpos y se la declaró monumento protegido.

Iglesia del Recuerdo – Berlín

Se pensó construir dentro de las ruinas de la iglesia demolida por los bombardeos una iglesia de cristal. Pero tras un concurso, se eligió la idea del arquitecto Egon Eiermann, quien propuso un compendio entre la ruina y una construcción moderna. Se mantuvo así la ruina de la torre, de una altura de 68 metros, asegurada arquitectónicamente, como monumento conmemorativo contra la guerra, rodeada por un conjunto de cuatro partes que se construyeron entre 1951 y 1961. La parte moderna de la Iglesia, por su singular forma y la de la torre se denomina, cada una de sus partes, “la polvera” y “el lápiz de labios”.

Las paredes de las nuevas salas de la iglesia se caracterizan por tener más de 20.000 cristales coloreados que sumergen el interior en una luz azulada. Aparte de ello, la construcción de doble pared aísla el interior del ruido del tráfico de las cercanías. (Hasta aquí, información extraída de la Wikipedia)

No es este el único contacto entre el pasado y el futuro. Escuchar en esa atmósfera azulada a los luteranos cantando el antiguo y gran himno de Lutero, Wir glauben al an eine Gott (Todos creemos en un solo Dios), me provoca el sentimiento de estar viajando en un túnel del tiempo, observando el paso de las generaciones de creyentes que se postraron ante este Dios en tiempos de bonanza y de desolación.

LA UNIVERSALIDAD DE DIOS

Hay un momento crucial en la vida del creyente. No sé si has llegado a ese punto. Es cuando te das cuenta que tu “religión”, entendida como un marco de doctrinas, autoridades y liturgias, donde se expresa tu fe, es una más dentro de un universo de religiones actuales y pasadas. Es ese momento en que te das cuenta de que lo que parecía único, supremo, incuestionable, es producto de un accidente. Nacer en Occidente hace más probable pertenecer al cristianismo o … ser ateo, nacer en Arabia hace más probable que la fe se exprese en el islamismo, nacer en una familia judía, determina nuestra pertenencia al judaísmo. El país, la región, la familia, determina en gran parte la probabilidad de pertenencia a una u otra, o no pertenecer. No es un determinismo absoluto por supuesto, es una probabilidad y parece ser que en Occidente hay una mayor transversalidad, una mayor probabilidad de elección.

Cada religión se afirma frente a otras, basándose en una autoridad que se intenta legitimar mostrándola como devenida en forma directa de Dios. “Nosotros tenemos a Moisés y a los profetas”, decían los judíos a los apóstoles, en otras palabras, “nuestras leyes, nuestra doctrina proviene de Dios que por empezar se la dictó a Moisés en el monte”. Los cristianos por otra parte ante esta argumentación, proclamaron que Jesús era Hijo de Dios y por lo tanto su Palabra tenía preeminencia sobre la tradición. Esta competencia y argumentación escandalizaron a judíos y paganos. Los musulmanes por otra parte afirman que Dios le dictó en sueños el texto del Corán a Mahoma el profeta y que Jesús fue un profeta más en la línea abierta por Moisés. La última revelación le fue dada a “su profeta”. Y así podríamos continuar encontrando en cada religión, esa necesidad común de justificar el poder y la preeminencia sobre otras.

La conciencia de la dinámica común que crea las religiones, provoca el mismo desacomodamiento e incomodidad que producen las descentraciones.

DESCENTRACIONES – CAMBIO Y DOLOR

El epistemólogo Jean Piaget estudió y describió momentos de descentración cognitiva, que se manifiestan en al menos 2 etapas de la vida, cuando el bebé se da cuenta que no es el centro del universo familiar, o cuando el adolescente se da cuenta que su mundo racionalizado no coincide con el mundo real.

La historia nos muestra momentos de descentración de creencias que tuvieron efectos dramáticos. Como cuando nos dimos cuenta que la Tierra no es el centro del Universo y que el sol no gira alrededor de ella sino al revés. Cuando nos dimos cuenta que hombre es resultado de una evolución, o que su carga genética es comparable a la de otros animales superiores. Cuando descubrimos que el inconsciente es mucho más vasto y determinante que nuestra conciencia.

Tales “descentraciones” son incómodas, porque chocan contra lo establecido, provocando fricciones y violencia. En realidad son cambios revolucionarios, y toda revolución genera violencia. La historia misma del cristianismo es una historia de descentraciones con consecuencias violentas. Lutero tuvo que enfrentar un sistema de poder, el cual en los papeles, derivaba de Dios mismo a través de la herencia de San Pedro, supuesto heredero del poder de Cristo. Herencia que fluía a través de las sucesivas generaciones papales. En ese sentido la Reforma protestante fue una epopeya revolucionaria, que inevitablemente generó una violencia extrema.

TODOS CREEMOS EN UN SOLO DIOS, PERO …

Una sensación de admiración me embargaba cuando estudiaba en el órgano el preludio coral que Juan Sebastián Bach escribiera sobre este Coral. Es una admiración musical y racional, pues como me dijera un eminente músico, “la mente de Bach es increíble”.

Pensaba entonces que Bach podría expresar la universalidad de Dios a través de su música. La polifonía es en cierta forma un tejido de voces de igual valor e importancia que se desarrollan bajo un plan maestro. Sin embargo al tomar conocimiento del texto del coral me di cuenta que no era posible. Lutero plasmó en el texto un Credo bellísimo, imponente, pero centrado en Jesucristo y condicionado a afirmaciones que dejaban a una gran parte de la humanidad afuera.

(Texto castellano del himno) TODOS CREEMOS EN UN SOLO DIOS

No es por cierto una crítica a Lutero, su objetivo final fue transformar la cristiandad, no la búsqueda de la universalidad, o mejor dicho, Cristo y la universalidad eran para él lo mismo. Lutero fue en su momento, más que nada, cristocéntrico, más aun puso la Palabra expresada en la Biblia en el centro, fue también bibliocéntrico. Pero cuanto más fuerte y exclusivo sea el “centro”, más difícil es la descentración y al mismo tiempo se eleva alrededor del centro un muro que nos separa del resto de la humanidad que tiene otros centros.

Quizás por esta razón, este gran hombre, tuvo una mirada estrecha fuera de ese contexto “cristiano” al que pertenecía y de esa estrechez, brotaron sin duda, su verborragia y su resentimiento hacia los judíos. En su Von den Juden und ihren Lügen (Sobre los judíos y sus mentiras), publicado en 1543, escribió entre otras cosas: que debían realizarse contra los judíos acciones como quemar las sinagogas, destruir sus libros de oración, prohibir predicar a los rabinos, «aplastar y destruir» sus casas, incautarse de sus propiedades, confiscar su dinero y obligar a esos «gusanos venenosos» a realizar trabajos forzados o expulsarlos «para siempre».

Estos sentimientos no eran extraños en el medio y tiempo histórico que le tocó vivir, pero no deja de ser llamativo que alguien que se reconoce como cristocéntrico pueda llegar a tener un nivel de intolerancia tal. Los luteranos de hoy, rechazan estas afirmaciones, pero acaso ¿el cristocentrismo no da muestras de intolerancia aun en este tiempo?. ¿No nos espantamos de estos sectores evangélicos fundamentalistas de Florida (EEUU) que quieren quemar el Corán, en represalia por el atentado del 11 de septiembre?

REFORMA PERMANENTE

¿Es posible mantener las creencias particulares y tener una visión universal de Dios y su mandato?

¿Es posible avanzar hacia un Credo superador de las divisiones religiosas? O por el contrario son estas divisiones inevitables o hasta necesarias manifestaciones de lo divino, productos de las diferentes enfoques humanos, o de los diferentes momentos históricos.

El Ecumenismo mundial se ha planteado estos dilemas, pero ha quedado atascado en una status quo de respeto y tolerancia. Cada quien mantiene su posición, que está ligada a innumerables criterios de poder.

El Mahatma Gandhi enfrentó este problema, ya que la India era un país multireligioso, y a partir de su pertenencia al hinduismo intentó generar una comprensión positiva de todas las religiones, o al menos de las más relevantes. He aquí algunos de sus pensamientos:

Cuando hablo de religión no aludo a la formal ni a la ritualista, sino a esa religión que se encuentra por debajo de todas las religiones y que nos enfrenta cara a cara con nuestro Creador. Las religiones son distintos caminos que convergen en el mismo punto.

¿Qué importa que tomemos distintos caminos siempre que lleguemos a la misma meta? En realidad, hay tantas religiones como individuos.

Sé… que nunca hubiera conocido a Dios si no hubiera luchado contra el mal aun a costa de la vida misma.

Me esfuerzo por ver a Dios a través del servicio prestado a la humanidad pues sé que Dios no está en el cielo, ni aquí abajo, sino en cada uno. Si un hombre llega al corazón de su propia religión, también ha llegado al corazón de las otras.

Que nadie, ni por un momento, abrigue el temor de que un estudio reverente de las otras religiones pueda debilitar su fe en la propia. El sistema hindú de filosofía considera que todas las religiones contienen en sí elementos de verdad y prescribe e impone una actitud de respeto y reverencia hacia todas ellas.

Creo en La verdad fundamental de todas las grandes religiones del mundo.

La religión es un solo árbol con muchas ramas. Si no vemos más que las ramas, diremos que hay muchas religiones, pero si vemos todo el árbol, comprenderemos que hay una sola.

Hermosa imagen que remite a otras metáforas evangélicas, como cuando San Pablo en la carta a los romanos compara a los gentiles convertidos con ramas injertadas y a los judíos con ramas naturales del olivo. O en el Evangelio de Juan, Jesús dice: “Yo soy la vid y ustedes las ramas”, pero a continuación dice “el que permanece en mí y yo en él, ese llevará mucho fruto, porque separados de mí, nada podéis hacer”.

CRISTO FUE TRAICIONADO?

No tengo pruebas, no soy un experto, pero esta frase suena a proselitismo. Suena a discípulos convenciendo a otros de no separarse de la Iglesia naciente, y lo hacen con el doble recurso del premio y de la amenaza: “El que no permanece en mí, será echado fuera y se secará, y será echado al fuego y arderá”. Quizás los discípulos creyeron que el “fin justificaba los medios” y en su afán misionero terminaron sembrando las semillas de la traición.

INTELIGENCIA CONTROLADORA

Cabría preguntarse si las ideas de Gandhi son posibles de llevar al campo de la práctica por un número creciente de personas, o si en realidad son producto del voluntarismo. Habría que ver si el “centrismo” y la “diferenciación” no son una condición de supervivencia, útil a la psique humana. El antropólogo Eugenio Carutti afirma: “La mente humana evolucionó en nidos aislados, protegiéndose y separándose de los demás humanos en un combate constante contra la naturaleza. En cada uno de estos nidos se desarrollaron innumerables ilusiones. Dentro de ellas está la convicción de cada cultura de creerse superior, de que sus dioses son los únicos verdaderos. Con diferentes variantes, se desarrolló en nosotros un tipo de inteligencia que no se abre a las diferencias, sino que se impone sobre el mundo y la realidad. Nuestra inteligencia actual es una inteligencia controladora, llena de ilusiones y dominio. Se aferra a falsas certezas, se siente segura de su superioridad, de su poder y con ese anhelo e certeza se vincula. El cambio está en su fase más dolorosa, difícil y problemática.”

Cambio, Reforma, Descentración. Hacia donde se dirige la religión?.

Gandhi definió un camino desde su perspectiva humanista, pero también Cristo lo hizo ya que él no fue cristocéntrico. Su centro fue la relación de Dios con el hombre, y en términos luteranos nos hizo libres de ella, para fijarnos en nuestra relación con el prójimo. Amar a Dios y amar al prójimo, es lo mismo nos dice. Esa Verdad es, sí, la Verdad de la que nos habla Ghandi, pero para entenderlo y hacerlo carne en nuestras vidas, quizás haya que tener un Alma Grande como él la tuvo.

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