◘ ELOGIO DE LA CULPA

LA CULPA … ES UN SENTIMIENTO … NO PUEDE PARAR …

por Eduardo E. Cavallo

La culpa es un tema central de las religiones. El ritual del sacrificio en toda cultura tiene como fin último mitigar la culpa y calmar la ira de los dioses desatada por nuestros pecados. Es lógico que las religiones fomenten la culpa, porque sin ella no existiría la necesidad del sacrificio, y sin ritual de sacrificio, ¿qué rol cumpliría un sacerdote?. Porque en toda cultura el sacerdote es un mediador entre los hombres y los dioses, y sobre todo entre la culpa y el perdón.

la culpaLa culpa es por otra parte un programa de control de la conducta humana, ¿que seríamos de no sentir culpas?. Marcos Aguinis desarrolla este tema en su libro “Elogio de la Culpa”, y su respuesta es clara: seríamos monstruos.

Para el cristianismo la culpa es una paradoja. Afirmamos que Cristo cargó con nuestras culpas de una vez y para siempre en la cruz y que con su sangre nuestros pecados fueron absueltos. Un himno lo expresa poéticamente: “En el Calvario el expió, mi negra culpa ya, y por la muerte que sufrió, la gloria me dará”. Pero si mis pecados ya fueron perdonados y somos libres de tener que realizar actos sacrificiales para redimir nuestra culpa, ¿cómo controlar la conducta humana?. Cristo al liberarnos, ¿no nos transforma en monstruos?. Esta paradoja hace que en realidad el cristianismo pese a predicar a Cristo, ha sido una religión altamente culpógena. Debe inculcar primero la culpa para luego ofrecer la cura: Cristo. Pero para no perder el poder con que se autoinvistió la Iglesia debe renovar el sentimiento de culpa entre sus fieles.

Esta paradoja tiene una salida y una explicación. El sacrificio de Cristo nos ha hecho libres de tener que hacer sacrificios o penitencia para conformar a Dios, porque Dios nos ama incondicionalmente y no hay nada más precioso que la sangre de Cristo que podamos ofrecerle. Pero no nos libera de las consecuencias del pecado, porque ellas se encuentran aquí en la Tierra, en el prójimo. Cristo nos libera de la culpa ante Dios, para centrarnos en el prójimo en quien pecamos. Y esto es mucho más difícil, porque pedirle perdón a Dios es sencillo, pero al prójimo no lo es.

En un episodio de la vida del Mahatma Ghandi, éste ayuna para detener la matanza entre hindúes y musulmanes. Un grupo de sus compatriotas lo visita para rogarle que deje el ayuno, con la promesa de abandonar la beligerancia. Uno de ellos, desesperado le suplica:

– No quiero ser culpable de su muerte, coma, no tiene sentido que muera Ud. por gente como yo que irá al infierno.

¿Porqué irás al infierno? – le pregunta Ghandi

– He matado a una familia de musulmanes, ellos mataron a mi familia, responde atormentado el hindú.

– Conozco una forma para que no vayas al infierno, le responde el Mahatma. Adopta a un huérfano musulmán, críalo como a tu hijo y asegúrate que sea educado como musulmán.

Nunca podré olvidar esa escena, ni la cara de horror del hindú. La absolución se le hacía mucho más pesada que el mismo infierno. La culpa no puede exonerarse haciendo rituales, ni sacrificios a Dios, ni confesándose, ni orando. Solo puede liberarla un acto reparador hacia el prójimo contra quien hemos pecado.

El una de las páginas del blog, encontrarás un recurso para motivar la reflexión, en forma de una obra de teatro que escribí y nombré: “Cuentos de Amor y de Culpa”.

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