☼ Y EL HOMBRE CREÓ A DIOS A SU IMAGEN Y NECESIDAD

DÚO EVA, ADAN Y CORO (del oratorio La Creación de J. Haydn)

Von deiner Güt’, o Herr und Gott,   De tu bondad, ¡Señor y Dios nuestro!
ist Erd’ und Himmel voll.                  están llenos los cielos y la tierra.
Die Welt, so groß, so wunderbar,    El mundo, tan grande, tan maravilloso,
ist deiner Hände Werk.                      es obra de tus manos

ESPACIO PARA SER HOMBRES

Ernst Bloch

Hace muchos años, leí un pequeño libro del pastor y teólogo metodista José Miguez Bonino (1) titulado “Espacio para ser hombres” (1976). Una idea de ese libro me quedó grabada profundamente, de manera que que puede inferir que en ese momento me causó una profunda impresión. La idea en sí puede resumirse en una frase: “Sólo un ateo puede ser un buen cristiano”. No es una frase propia de Míguez Bonino, sino que está citando al filósofo alemán Ernest Bloch. Aunque no es esencial para este artículo, o quizás sí, trascribo una breve referencia de Bloch extraída de Wikipedia.

Ernst Bloch es el filósofo de las utopías concretas, de las ensoñaciones, de las esperanzas. En el centro de su pensamiento se yergue el hombre que se concibe a sí mismo. La conciencia del hombre no solamente es el producto de su ser, sino que, más aún, está dotada de un “excedente”. Este “excedente” halla su expresión en las utopías sociales, económicas y religiosas, en el arte gráfico, en la música. Como marxista, Bloch ve en el socialismo y el comunismo los instrumentos para trasladar este “excedente” a los hechos).

Miguez Bonino interpreta a Bloch de la siguiente manera: Sólo quien niegue ciertos dioses (dioses falsos según MB) puede tener fe en el verdadero Dios. Por ejemplo y ahora cito: .“.. la religión ha presentado frecuentemente a Dios como sustituto de la ciencia, del conocimiento y de la investigación humanos. No se trata solamente de los casos de fanatismo religioso en que la gente rechaza la ciencia por una fe supersticiosa … pienso más bien en el intento de utilizar a Dios como explicación de aquellas cosas para las cuales no tenemos una explicación científica o racional”. Un Dios explicativo que sustituye a la ciencia tiene poco futuro en un universo que va siendo sometido al conocimiento humano. Y de ahí que parece no quedar otro camino que hacerse ateo. En este sentido hay que ser ateo para poder ser buen cristiano.”

(1) El pastor Miguez Bonino falleció el 30 de junio de este año. Yo había comenzado a escribir este artículo pocos días antes y ambos acontecimientos me impactaron de tal forma que abandoné el tema hasta hace unos días. Vaya mi respeto y mi afecto a su persona. Un artículo sobre su obra y pensamiento puede leerse en “El adiós al pastor Míguez Bonino”

CIENCIA, HUMANIDAD Y JUSTICIA

Analiza Miguez Bonino otras situaciones donde ser cristiano es ser ateo. Cito: Cuando alguien dice, pues, “yo no creo en Dios porque creo en la ciencia”, o “yo no creo en Dios porque creo en el hombre” o “yo no creo en Dios porque creo en la justicia”, debo responderle que yo tampoco creo en ese Dios. Y que solamente quien sea un apasionado ateo de esos dioses puede ser verdaderamente cristiano. El que adora un Dios que sustituye a la ciencia, o que rebaja al hombre, o que garantiza situaciones de injusticia, ha depositado su fe en dioses falsos. Cuanto más fe tenga, tanto peor, porque su fe está dirigida a algo que no es Dios.

CONOCER ES ANTICIPAR – ANTICIPAR ES CONTROLAR

Es decir que el hombre ha creado dioses para dar una explicación del mundo concreto y de los fenómenos que no puede explicar. Más aun el hombre ha creado estos dioses y sus teologías para satisfacer dos necesidades existenciales enlazadas y dependientes: 1 – Conocer y 2 – Dominar.

Dar una explicación a los fenómenos físicos, emocionales, sociales, individuales que no se comprenden, o que no se comprenden al menos científicamente es como una prótesis psicológica, que nos ayuda e atravesar incertidumbres.

La frase de Bacon: “Conocer es poder” sintetiza la primera necesidad con la segunda. Conocer permite anticipar y así controlar el medio en que nacemos, vivimos y morimos. La falta de control del medio nos trae angustia, una angustia existencial que se mitiga mediante el conocimiento verdadero de las causas y consecuencias o de la ilusión de que podemos controlar el devenir que nos amenaza. La religión es entonces también una prótesis de control, ya que crea en nuestra psique la convicción de que tenemos (al menos en parte) el control. No se trata solamente de creer que los rayos, los truenos o las tormentas son producidas por dioses enojados que en su ira nos maltratan y que podemos mitigar mediante ofrendas y sacrificios. Ese pensamiento rudimentario, quizás no se exprese en la actualidad en forma de un Olimpo de divinidades, pero sigue latente en toda forma de religión. Hay un ser o seres superiores a los cuales podemos (y tenemos que) agradar según nuestras acciones y son estas acciones las que nos permiten tener un cierto grado de control del presente y del futuro.

EL GENIO DEL CRISTIANISMO

De las innumerables manifestaciones de esta relación “egocéntrica” del hombre con la religión, me ha conmovido este fragmento extraído de la obra “El genio del cristianismo”, una apología escrita por François-René de Chateaubriand, autor romántico francés. Acérrimo enemigo de la Ilustración y de la Revolución Francesa (fue perseguido y varios miembros de su familia ejecutados), se exilió en Londres entre 1795 y 1799. Al calor de ese rencor y vehemencia escribe esta obra donde defiende la sabiduría y belleza de la religión cristiana, afectada por la filosofía ilustrada, y el proceso revolucionario.

“Si es cierto que la religión es necesaria para los hombres, como han sostenido todos los filósofos, ¿con qué culto queremos sustituir el que nos han dejado nuestros padres? Recordaremos el día en que los hombres pretendieron elevar altares a la virtud sobre los escombros del cristianismo, … estos templos donde en otros tiempos se contemplaba a un Dios conocido en todo el Universo o las imágenes de la Virgen que consolaban a tantos infelices, estos templos , digo donde estaban dedicados a esa Verdad que nadie conoce y a la Razón que no ha enjugado una sola lágrima”.

Enjugar las lágrimas, consolar a los infelices, darles protección ante el mal, darles salvación más allá de la muerte, eso es el cristianismo y por extensión la función de la religión. El cristianismo tiene sin embargo, características propias, ya que en su afán de “satisfacer necesidades del hombre” se podría decir que subvencionó la salvación o la vida eterna con la sangre de Cristo. Leemos en el Nuevo Testamento que en el viejo Adán todos morimos, sin embargo, en el Último Adán, tenemos vida eterna para que nosotros nunca muramos. Jesús le dice a Marta: ” Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá, y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?” (Juan 11:25-26). El apóstol Pablo pone de manifiesto el contraste vívidamente cuando escribe: “Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados” (I Corintios 15:22).

En lo personal no creo que Jesús haya dicho esas palabras a Marta. Me cuesta aceptar a Jesús hablando de sí mismo de esa forma: Yo, yo, yo. Más bien creo que son palabras que sus discípulos, en su afán proselitista, pusieron en su boca.

Poniéndolo en términos de oferta y demanda, la oferta que los cristianos hicieron al mundo antiguo fue irresistible: Vida eterna para todos y todas solamente creyendo en un hombre que había resucitado de entre los muertos. Esta absolución gratuita, entró rápidamente en conflicto con el carácter regulador de la moral de las religión, más aun con la llegada al poder de los cristianos, quienes de perseguidos pasaron a ser Iglesia oficial del imperio. La gratuidad se convirtió (o convivió en forma conflictiva) en deber, el deber de socorrer, de sostener, de visitar, de cuidar, de ofrendar, de comulgar, de asistir, de obedecer, de aceptar, deberes y deberes que si son cumplidos llevan inexorablemente a la vida eterna.

Por fe o por las obras, los caminos llevan al mismo resultado, el hombre puede a través de sus actos alcanzar la gloria de la resurrección, que no es otra cosa que la satisfacción de su necesidad existencial ante la finitud de la vida.

¿Pero, es así? ¿O es una rebuscada forma de nuestra psique de crear la satisfacción de nuestra necesidad? ¿No será que también en este caso cuanto más fe se tenga, tanto peor, porque la fe está dirigida a algo que no es Dios?.

Este poder de la religión que deriva de última instancia en nuestra necesidad, tiene su precio, porque por un principio síquico de “delegación” necesita de un poder mediador: La Iglesia. Todo el poder de la Iglesia constituida se deriva de este dilema y alcanza por este camino un matiz autoritario y disolvente. Dice el Dr. Mauro Pesce historiador y experto en Biblia católico: “El cristianismo es una religión misionera, quiere la salvación de todos los hombres. Aunque las demás religiones, según el concilio Vaticano II, también son portadoras de verdades y valores morales, solo la Iglesia Católica posee la verdad plena y total. De modo que convertirse (al catolicismo) sigue siendo necesario para la salvación. La teoría de que Cristo es la única vía de salvación se repite cada vez con más insistencia. El nuevo Papa también se mantienen es esta línea.”

LA TEOLOGÍA DE LA ZANAHORIA

La necesidad podría entonces funcionar como la zanahoria que se pone delante de la nariz del caballo para inducirlo a dirigirse a un determinado lugar. Pero, si queremos ser individuos plenos, y pretender algún mérito o virtud, no podemos ser dirigidos por una zanahoria. La misericordia, el amor al prójimo, las virtudes que proclaman las religiones, deben ser dirigidas por el propio convencimiento. ¿Acaso una ética movida por la búsqueda de un premio, por más sublime que sea, es realmente una ética? Aunque sea una paradoja, ¿no habría que que sacar al Dios que nos da la Vida Eterna de la ecuación de nuestra vida?. Quizás tengamos que ser también “ateos” de ese Dios que nos promete “salvación”. En caso contrario corremos el riesgo de transformarnos en los más grandes egoístas al pretender que nuestros actos terrenos, por la fe o por las obras, sean recompensados por la eternidad. ¿No sería ésta la más grande de las usuras? ¿No será lo que quiso decir Cristo cuando nos dijo: El que quiera salvar su vida la perderá?.

EINSTEIN Y LA RELIGIÓN

Mi reflexión no trae nada nuevo al mundo, creo que en resumen es lo que Bloch quiso decir. Pero estas objeciones ya han sido planteadas desde el principio mismo de la teología. Más cerca nuestro, Albert Einstein en su libro “Mi Visión del Mundo” identifica al Dios explicativo que habla Miguez Bonino, con la religión del miedo. La religión del miedo es según Einstein, la primera etapa del pensamiento religioso.

Cito: Debido a que a ese nivel de la existencia la comprensión de las conexiones causales suele ser mínima, el ingenio humano crea entes más o menos análogos, de cuyas acciones o deseos dependen las acciones temidas. Entonces, se da el deseo de captar la simpatía de dichos entes celebrando ceremonias y haciendo sacrificios que, según creencias transmitidas de generación en generación, han de aplacarlos”

Una segunda etapa de la religión para Einstein es la religión moral o social. Aquí la comunidad en general necesita de modelos que vayan orientando el devenir de la existencia ya que el mismo hombre se da cuenta de que él es susceptible de cometer errores, no es perfecto. Así nace el concepto de Dios en medio de una religión moral que es un estadio más avanzado que el anterior. Este Dios es el “de la Providencia, que ampara, dispone, recompensa y castiga. Es el Dios que según el horizonte de los hombres impulsa la vida de la familia, de la humanidad, que consuela en momentos de desgracia y de nostalgia, que custodia las almas de los muertos. Estas son las nociones morales y sociales de Dios”

Las etapas no se dan aisladas ni separadas sino que se van superponiendo coexistiendo una con la otra.

Finalmente, para Einstein hay una tercera etapa o forma de ser religioso. Es la llamada religiosidad cósmica. En ésta no existe una expresión antropomórfica de Dios. Es con la cual él se identifica. Es un estadio en donde pocos se insertan ya que es difícil de comprender. Los hombres que se han seguido esta línea han tenido que enfrentar no menos dificultades por su experiencia.

Ahora como diría Chateaubrien, “esta religiosidad, ¿enjugará las lágrimas de los que sufren, es decir de la humanidad entera”?

En otra entrada profundizaremos sobre esta religiosidad cósmica, que tampoco es una creación moderna, aparece en los estadios anteriores y podría reunir a hombres tan dispares como como Demócrito, Francisco de Asís y Spinoza.

TE NECESITO EN TODO MOMENTO

Hace años conocí un bello himno “I need Thee in every hour” (Te necesito en todo momento) que bien podría ser que el que originó el contenido de esta entrada. El texto es de una poeta y escritora bautista de Nueva York, Annie S. Hawks (siglo XIX) quien escribiera los textos de más de 400 himnos. Para 1860 Annie asistía con su marido a la Iglesia Bautista de Hanson Place, Brooklin, donde era pastor Robert Lowry, quien posteriormente le pondría la melodía y escribiría el refrán. Este es el texto

I need Thee every hour, most gracious Lord; (Te necesito en cada instante, Señor de gracia)

No tender voice like Thine can peace afford. (Ninguna tierna voz como la tuya puede traerme paz)

Refrain

I need Thee, O I need Thee; (Te necesito, oh te necesito)
Every hour I need Thee; (Cada momento te necesito)
O bless me now, my Savior, (Oh bendíceme ahora, mi Salvador)
I come to Thee. (Yo voy hacia Tí)

I need Thee every hour, stay Thou nearby ; (Te necesito en cada instante, quédate cerca mío)
Temptations lose their power when Thou art nigh. (Las tentaciones pierden su poder cuando estás cerca)

Refrain

I need Thee every hour, in joy or pain; (Te necesito en cada instante, en la alegría o en el dolor)
Come quickly and abide, or life is in vain. (Ven rápido y sosténme, o la vida es en vano)

Refrain

I need Thee every hour; teach me Thy will; (Te necesito en cada instante, enséñame tu voluntad)
And Thy rich promises in me fulfill. (Y tus ricas promesas cumple en mí)

Refrain

I need Thee every hour, most Holy One; (Te necesito en cada instante, tú único Santo)
O make me Thine indeed, Thou blessed Son. (Oh hazme tuyo, Tú bendecido Hijo)

Escuchemos una versión por el Coro del Tabernáculo Mormón

Es realmente una hermosa versión! Yo no puedo dejar de sentir una emoción profunda al escucharla, la misma que sentí aquella primera vez. Pero el mismo tiempo, comencé a sentir una sensación incómoda, como si una parte de mí se dejase llevar por la melodía y la armonía, pero otra se rebelase contra el texto que insistía una y otra vez: te necesito, te necesito, te necesito. Te necesito para que me ames, me cuides, me sostengas, para que me des paz. Es el canto de un niño egoísta: quiero, quiero, quiero, mío, mío, mí, yo, yo yo. Es un canto que comienza por el Yo y su satisfacción y termina en un Dios funcional al mismo. Una concepción individualista, exenta de comunidad, una creación humana a la medida de la condición humana. Es como una elegía al egoísmo sublimado por la música. Y es que la música es funcional a las emociones y a los relatos.

Desde entonces empecé a escuchar y a mirar el arte con otros ojos.

Y DIOS CREÓ AL HOMBRE

La creación de Adán por Miguel Angel o la creación de Dios por Adán

Desde ese momento, hasta la imagen de la creación del hombre que Miguel Angel pintó en la capilla Sixtina se me hizo ambigua y enigmática. ¿Había pintado a Dios creando al hombre? O esas manos expresaban la inversa, al hombre creando a Dios en las alturas, fuera de este mundo, fuera del tiempo, fuera de la corrupción, lleno de poder divino, dispuesto a darnos satisfacción por ser su “criatura”? Estaba ante un nuevo “Código Miguel Ángel”?

Sospecho que esta obra causa tanta admiración y fascinación porque el hombre contempla, no la gloria de Dios, sino la gloria de Adán, capaz de crearla.

Este juego de ambigüedad me hizo recordar a las manos de Maurits Escher, el genial dibujante suizo. ¿Quién crea a quién en este ciclo perpetuo? Cada una emerge del plano y avanza en el espacio para dibujar a la otra. Sin embargo todo está en el plano.

Se me planteó también en un problema cognitivo. ¿Cómo conocemos la realidad?, ¿qué es la realidad?, ¿es objetiva o es subjetiva?. ¿Podemos conocer la realidad o es una construcción? ¿Podemos conocer a Dios? ¿Podemos desprendernos de nuestras necesidades que alteran nuestra percepción?

Algunos responderían que conocer a Dios es conocer a Cristo o al Profeta, pero si fuera tan sencillo no existiría la teología, ni las divisiones, ni las luchas, ni las guerras.

La teología resulta en este contexto un esfuerzo para responder a necesidades sociales o ideológicas que cada tiempo impone a la Iglesia. La teología de la liberación podría ser una respuesta a una necesidad surgida de una ideología política y social, y adaptar a Dios a sus ideas, una forma quizás, de refutar a los Bloch de este mundo, que como marxista pensaba que la religión era el opio de los pueblos.

Así como la ciencia que hoy conocemos es circunstancial y en parte efímera, la teología también lo es y volverá a redefinirse cuando la sociedad lo demande. Por ejemplo si encontrásemos vida extra terrestre.

RELIGIÓN Y ESPÍRITU RELIGIOSO

El “Homo Religiosi” nace con el “Homo Sapiens”, y los estadios de la religión, como respuesta a los interrogantes del hombre han sido necesarios, como las etapas cognitivas del niño hasta que llega a ser adulto. Deberíamos distinguir la religión del espíritu religioso. El espíritu religioso pregunta sobre los misterios de la naturaleza primero, de la conducta después, de la trascendencia de la vida o la muerte finalmente. Las religiones dan respuestas que se estructuran y enquistan en el poder por su cualidad controladora de la conducta. En particular las religiones militantes y que se articulan en una única vía: El mesías, el profeta o el hijo de Dios, tienden a segregar y a tornarse violentas e intolerantes. Pero el espíritu religioso va cambiando las preguntas y de paso le da trabajo a los teólogos.

El avance de la ciencia vació a las visiones míticas del universo que brindaba la religión. Ahora los avances sociales, la leyes y la ética pública y privada, la vaciarán igualmente de su carácter regulador de la conducta. De hecho funcionan agrupaciones políticas que asemejan “parroquias” con el mismo espíritu misionero y militante que la Iglesia supo tener. ¿Cuáles serán las nuevas formas de responder de la religión? ¿Evolucionará hacia una nueva forma correspondiente a la “etapa cósmica” que habla Einstein? Es improbable, porque esta forma es más una pregunta que una respuesta. Si es así, será el hombre quien habrá cambiado.

Lo más probable es que se nutrirá, como último refugio, en la necesidad humana de controlar el devenir del tiempo, de dar esperanza a las lágrimas y vida eterna a los condenados, es decir a todos los mortales.

El espíritu religioso es esencial y necesario al hombre, ya sea porque fue creado o ya sea porque ha evolucionado en el seno de un gran misterio, el Universo, el tiempo y la vida que late dentro de él. La religión da respuestas y estructura al espíritu religioso según ritos, leyes y relatos de hombres que se presentan como intermediarios de lo Divino. Pero el espíritu religioso puede abrevar y encontrar respuestas en otras fuentes, el Arte, la Ciencia, la Naturaleza, la Humanidad. Quizás Míguez Bonino y Bloch hayan expresado un espíritu religioso de diferentes formas.

Las necesidades del hombre son necesarias, el espíritu religioso también, pero la religión es una circunstancia. Este descubrimiento personal, (no se trata de leer y aceptar lo que dice Einstein), debería generar tolerancia, comprensión y por esa vía compasión y amor. Aunque la convivencia con los estadios anteriores nos perturbe.

“Si la gente es buena solamente porque tiene miedo al castigo y espera una recompensa, entonces somos sin duda, un triste grupo”.

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