22 DE NOVIEMBRE, DÍA DE LA MÚSICA, LUTERO Y CALVINO

LUTERO Y CALVINO Y LA MÚSICA

Lutero y Calvino compartían razones controversiales contra la Iglesia de Roma y su cabeza el Papa o mejor dicho la institución del papado. Al mismo tiempo mantuvieron divergencias teológicas importantes que no tendrán espacio en este artículo pero que de alguna manera se relacionan con sus posturas y reacciones frente a la música.

Es conocido el amor a la música que profesaba Lutero, como ejecutante del laud, cantor, autor y recopilador de himnos. De ese amor se deriva la importancia que le dio a la música y especialmente al canto en la nueva liturgia. Lutero editó el primer himnario para que el pueblo cantase y lo hiciese en su propio idioma.

Escribió también una Oda a la Música (ver De Lutero a Bach de este mismo blog) de ella extraigo estos versos:

Antes bien a Dios agrada más
Este que otro mundano placer
La obra del diablo destruye
Y de homicidios preserva.

Vedlo así en el rey David
Quien con su suave tañer
Calmó muchas veces la ira de Saúl
Y con su arpa se libró de la muerte.

Al corazón aquieta y prepara
Para oír de Dios la Palabra y verdad
Así lo confesó Eliseo
Al hallar al Espíritu tañendo.

En estas estrofas Lutero hace mención a 2 episodios del Antiguo Testamento.

El primero en 1 Samuel 16:23 “Y cuando el espíritu malo de parte de Dios venía sobre Saúl, David tomaba el arpa y tocaba con su mano; y Saúl tenía alivio y estaba mejor, y el espíritu malo se apartaba de él.”

El segundo en: 2 Reyes 3:14  Y Eliseo dijo: Vive Jehová de los ejércitos, en cuya presencia estoy, que si no tuviese respeto al rostro de Josafat rey de Judá, no te mirara a ti, ni te viera. 2 Reyes 3:15 Mas ahora traedme un tañedor. Y mientras el tañedor tocaba, la mano de Jehová vino sobre Eliseo.

Estas menciones no son casuales. responden a una controversia con los calvinistas que reprobaban la música instrumental en los cultos. Así se expresaba Calvino:

«La música instrumental no es más apta de ser adoptada en el culto público de la Iglesia cristiana que el incienso, el candelero, y las sombras de la ley de Moisés.
Los papistas, una imitación ridícula e insensible imitación de los judíos, emplearon órganos y tales otras locuras, por los cuales la Palabra y el culto de Dios han sido demasiado profanadas.»

Sin duda alguna, los instrumentos musicales apelan al oído y a las emociones de la humanidad. Son un don rico y bueno de parte de Dios para nuestro gozo y placer, ¿pero qué lugar, si es que existe, tienen los instrumentos musicales en el culto de Dios?
En resumen, ninguna mención es hecha del uso de instrumentos en el culto en el Nuevo Testamento. Ni Cristo ni Sus apóstoles avocaron por ello, ni fue una práctica en la Iglesia por casi 700 años después de Cristo. Después, en la reforma, para purificar el culto, los líderes piadosos echaron fuera los instrumentos en sus servicios del culto”.

Las afirmaciones de Calvino provenían por un lado de que los instrumentos musicales, especialmente la majestad del  órgano, junto con las imágenes habían sido herramientas eficaces para la construcción de un “relato” de poder y dominación emocional. El boato y la aparatosidad arquitectónica, visual y sonora de la Iglesia romana fueron  rechazados por igual por Calvino y por Lutero. Por otro lado los reformadores habían insistido en que sólo la Biblia (el Nuevo Testamento en el caso de Calvino) era el único texto que el creyente debía obedecer y del cual inferir su conducta terrenal y su compresión de Dios y su Creación. Esta posición podía llevarse a un extremo en el que lo que la Biblia no mencionaba también era malo. Si el texto no justificaba la presencia de los instrumentos en la adoración entonces debían ser rechazados. Y lo cierto es que, en el Nuevo Testamento,  no están.

Lutero enfrenta estos argumentos buscando episodios donde la música instrumental tenía un rol virtuoso y benefactor.

En el fondo eran contra argumentos, porque en esencia lo que movilizaba a Lutero era su amor por la música y una concepción ética de la misma, en un mundo donde lo laico y lo sagrado  no estaba tan definidamente dividos. Lutero termina afirmando: La música es hija del Cielo. Con esa frase sola podría haber conquistado mi corazón.

“La música gobierna al mundo, endulza las costumbres, consuela al hombre en la aflicción. Es hija del cielo. Es el más bello y el más glorioso don de Dios. Es una disciplina; es una educadora; hace a las gentes más dulces, más amables, más morales, más razonables… La Música es un maravilloso don de Dios y próximo a la Teología”. 

La Alemania (aunque en realidad no existía tal como hoy) luterana se llenó de música, el canto luterano derivó en el coral. Los pueblos se esforzaban por tener los mejores órganos, organistas, músicos y coros. Ese fue el caldo de cultivo donde se gestó la extraordinaria figura de Juan Sebastián Bach.

La música de Bach es espiritual más allá de que sea portadora de textos sagrados como en sus cantatas y oratorios. Hay en ella una síntesis única entre la emoción y la lógica, la estructura y lo inesperado, lo espiritual y lo mundano, el ritmo y la melodía, la tierra y el cielo. No por esto tengo una postura  “elitista” ni soy un fundamentalista de Bach. Creo que a Dios no le interesa la música que hacemos en el servicio y la adoración. Así como no predicamos, ni oramos para Dios, ni tomamos los sacramentos para satisfacer a Dios, la música es ante todo una bendición para nosotros mismos. Ella puede despertar las emociones más profundas, pero la música de Bach activa nuestra mente entera, o lo que es lo mismo para mi,  nuestro espíritu.

Sería feliz si algun día pudiese sentarme al órgano y tocar esta fuga en Sol con ritmo de danza (giga), polifonía, ritmo, gozo, destreza mancomunadas. Pienso que de poder hacerlo, en medio de la ejecución sería arrebatado como Elías a otra realidad. Entraría bailando una gloriosa Giga a las puertas del Cielo. Pero es “mi” sentimiento, mi camino, mi templo,  cada uno puede y debe buscar el propio.

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Acerca de educavallo

Nací en la ciudad de Buenos Aires el 5 de mayo de 1952. Actualmente me desempeño como coordinador del area de computación del Colegio Bayard. También soy organista de la Iglesia Metodista.
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