EL MESÍAS

EL MESÍAS

La palabra Mesías viene del hebreo Mashíaj y significa “ungido”. Se sobreentiende “ungido con aceite” que era la forma en que los antiguos judíos ungian a un nuevo rey, derramando aceite de oliva consagrado en su cabeza. Por eso dice el rey David en su bello y conocido Salmo 23:

Tú preparas mesa delante de mí
en presencia de mis enemigos;
has ungido mi cabeza con aceite;
mi copa está rebosando.

La historia de esta etimología nace con uno de los más grandes profetas del pueblo de Israel:  Isaias, del hebreo “Iesháiahu” (Yavhé es salvación). Hijo de Amós nació en el Siglo VII AC,  su acción profética se prolongó durante casi 50 años, enfrentando sistemáticamente las decisiones de los reyes de Israel quienes continuamente realizaban alianzas con los pueblos vecinos apartándose de la ortodoxia del culto a Jehová. Según los libros apócrifos, una de estas disputas con el rey Manasés le costó la persecusión y la muerte.

Raffael isaias

Isaías según Rafael (1483 – 1520)

El libro de Isaías, el más extenso de los escritos proféticos, tiene 2 partes bien diferenciadas. La primera parte se extiende hasta el capítulo 43 y en su mayor parte fue escrito por el mismo Isaías, otros capítulos se atribuyen a sus discípulos.  Esta primer parte está ubicada en un momento histórico de muchos conflictos políticos y militares, que terminan con el rey Manasés y la muerte de Isaías.

La segunda parte conocida como el “Libro de la Consolación de Israel” o “Segundo Isaías”, abarca los capítulos 44 a 55, es muy diferente y no se menciona al profeta. El escenario de estos capítulos finales supone que Jerusalén ha sido destruida por los asirios, el pueblo judío está cautivo en Babilonia y Ciro ya es rey de Persia. Fue el accionar de Ciro el que desembocó en la posterior liberación de los hebreos. Es entonces probable que estos capítulos finales sean obra de un autor anónimo al final del destierro, después de 560 AC.

Las dos partes del libro de Isaías están unidas por un puente: su visión mesiánica.

En los capítulos 6 a 12 se anuncia el nacimiento del Emanuel, significando en hebreo este nombre “Dios con nosotros” (Isaías 7:14).7

En la segunda parte (Isaias 42:1-7,49:1-9,50:4-9,52:13,53:12) se presentan los Cánticos del Siervo de Jehovah, seguidor perfecto de Dios que con plena fe sufre para expiar los pecados de su pueblo y es glorificado.

Este es el origen de la esperanza de un Mesías, un ungido, que salvaría a Israel (el pueblo judío), del exilio y de las persecuciones. Y que, ademas encabezaría la reconstrucción del Reino de Israel.  Según esta visión, el mesías era un hombre, un enviado de Dios, no un ser divino.

La palabra hebrea fue traducida al griego bastante pronto, dado que en la zona oriental del Imperio romano se hablaba masivamente griego, por la palabra equivalente en griego Christós (ungido con aceite) que generó la forma Cristo y el compuesto Jesucristo.

EL MESÍAS SEGÚN HAENDEL

El Mesías es el oratorio más importante y conocido del compositor barroco Georg F. Haendel (1685 – 1759). Haendel fue ante todo un compositor de óperas y oratorios que se ejecutaban en teatros ( no en Iglesias) y un empresario de sus propias obras. Soportó muchos vaivenes económicos que oscilaban con el éxito o fracaso de sus producciones. En 1741 estaba en bancarrora y con problemas de salud, en esas circunstancias es invitado para dar  una serie de conciertos en Irlanda.

Durante la gira, empezó a escribir su obra más grandiosa y perenne: El Mesías. Terminó la monumental obra en apenas 3 semanas y fue estrenada en abril de 1742 en Dublin a beneficio de  obras de caridad.  Se dice que al terminar de escribirla Haendel exclamó: “Creo que he visto el cielo delante de mí, y también a Dios.”

La obra que tiene la forma de un Oratorio, consta de 53 números, aunque raramente se ejecutan todos, ya que su extensión excede largamente las 2 horas. Está compuesto por:

16 arias
1 duetto
13 recitativos
21 coros
1 sinfonía pastoral
1 sinfonía introductoria

Para el texto Haendel contó con Charles Jennens, quien se basó íntegramente en textos bíblicos, mayoritariamente del Antiguo Testamento. A saber:

19 pasajes de Isaías
11 Salmos
7 de profetas menores
7 de los evangelios (ninguno de Marcos)
11 de Epístolas de San Pablo
4 del Apocalipsis

Entre estos últimos está el texto del famoso Aleluya (Apocalipsis 11:15)

El séptimo ángel tocó la trompeta, y se levantaron grandes voces en el cielo, que decían: El reino del mundo ha venido a ser el reino de nuestro Señor y de su Cristo; y El reinará por los siglos de los siglos.

Es evidente que la abundante referencia a libros del Antiguo Testamento y especialmente del profeta Isaías, tenía como objetivo enfatizar el carácter profético del Mesías y su cumplimiento en Jesús.

CRISTO EL MESÍAS

El Nuevo Testamento y la Iglesia primitiva han hecho grandes esfuerzos para identificar a Jesús de Nazaret con el Mesías prometido por Isaías. El nombre de Jesús era Yeshua, y como vimos Cristo es la traducción literal en griego de Mesías. Jesús no se hacía llamar a sí mismo JesuCristo, sino que el título le fue agregado después por los discípulos.

Francamente nunca entendí el porqué de esta insistencia en hacer coincidir una figura con otra. Solo es entendible en el marco de una disputa por la autoridad de Jesús entre los discípulos y los judíos. Se dio en el siglo I pero tuvo consecuencias que se extenderían por siglos.

En esta disputa se advierte una metodología típica del pensamiento religioso: Creemos en esto, a ver qué evidencias encontramos para sostener lo que creemos.

En el marco de esta disputa muchos textos y definiciones del Nuevo Testamento fueron deformados o directamente agregados por los discípulos y sus seguidores con el objetivo de sostener lo que afirmaban: Jesús era el Mesías prometido a Israel.  Aun hoy, leo en una página de los Testigos de Jehová:

JEHOVÁ DIOS reveló a los profetas de la Biblia mucha información acerca del Mesías, el Libertador prometido. Es fácil identificarlo, ya que anunciaron cómo sería su nacimiento,  ministerio y muerte. De forma asombrosa, todas estas predicciones se cumplieron hasta el mínimo detalle en Jesucristo. Comprobaremos que son muy exactas viendo algunas que hablan de su nacimiento y su niñez.

El profeta Isaías predijo que el Mesías sería de la familia de David (Isaías 9:7). Y así fue: Jesús era descendiente de este rey (Mateo 1:1, 6-17).

Miqueas, otro profeta de Dios, dijo que nacería en “Belén Efrata” y llegaría a ser gobernante (Miqueas 5:2). Pues bien, cuando Jesús vino al mundo, había en Israel dos ciudades llamadas Belén. Una estaba en el norte del país, cerca de Nazaret, y la otra, en Judá, cerca de Jerusalén. La que quedaba cerca de Jerusalén se había llamado anteriormente Efrata. Y fue justo en esa localidad donde nació Jesús, cumpliendo así la profecía (Mateo 2:1).

Por un lado la genealogía de Jesús que aparece en Mateo no es confiable. Hace un camino inverso, parte de una premisa: Jesús debe ser descendiente de David y luego elige los caminos que lo hacen llegar a ella. En cuanto a la referencia a Miqueas, es un buen ejemplo de otra estratagema que consiste en parcializar la evidencia. Leamos lo que dice Miqueas en el capítulo 5 completo:

El reinado del libertador desde Belén

1 Rodéate ahora de muros, hija de guerreros; nos han sitiado; con vara herirán en la mejilla al juez de Israel.

2 Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad.

3 Pero los dejará hasta el tiempo que dé a luz la que ha de dar a luz; y el resto de sus hermanos se volverá con los hijos de Israel.

4 Y él estará, y apacentará con poder de Jehová, con grandeza del nombre de Jehová su Dios; y morarán seguros, porque ahora será engrandecido hasta los fines de la tierra.

5 Y éste será nuestra paz. Cuando el asirio viniere a nuestra tierra, y cuando hollare nuestros palacios, entonces levantaremos contra él siete pastores, y ocho hombres principales;

6 y devastarán la tierra de Asiria a espada, y con sus espadas la tierra de Nimrod; y nos librará del asirio, cuando viniere contra nuestra tierra y hollare nuestros confines.

7 El remanente de Jacob será en medio de muchos pueblos como el rocío de Jehová, como las lluvias sobre la hierba, las cuales no esperan a varón, ni aguardan a hijos de hombres.

8 Asimismo el remanente de Jacob será entre las naciones, en medio de muchos pueblos, como el león entre las bestias de la selva, como el cachorro del león entre las manadas de las ovejas, el cual si pasare, y hollare, y arrebatare, no hay quien escape.

9 Tu mano se alzará sobre tus enemigos, y todos tus adversarios serán destruidos.

10 Acontecerá en aquel día, dice Jehová, que haré matar tus caballos de en medio de ti, y haré destruir tus carros.

11 Haré también destruir las ciudades de tu tierra, y arruinaré todas tus fortalezas.

12 Asimismo destruiré de tu mano las hechicerías, y no se hallarán en ti agoreros.

13 Y haré destruir tus esculturas y tus imágenes de en medio de ti, y nunca más te inclinarás a la obra de tus manos.

14 Arrancaré tus imágenes de Asera de en medio de ti, y destruiré tus ciudades;

15 y con ira y con furor haré venganza en las naciones que no obedecieron.

¿Este mesías descripto por Miqueas es Jesús de Nazareth?

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Yo creo que no.

Más aun creo que es la clara evidencia de que la esperanza mesiánica de los judíos era un héroe militar que destruiría a sus enemigos a sangre y espada y aunque no lo dice explícitamente restauraría un reinado controlado por ellos mismos. Todas las religiones terminan por sucumbir a una ambición imperialista.

MIQUEAS Y LA ACTUALIDAD

No deja de sorprender que los conflictos que Miqueas expresa sigan teniendo semejanzas con los conflictos que siguen asolando a Medio Oriente. Parecería que los sectores más conservadores y belicosos de Israel siguen consecuentes a los dictados proféticos. Los llamados ultra ortodoxos y quizás no tan ultras, siguen esperando ese Mesías que destruya a todos los que los rodean y los imponga dominantes como soldados de Dios.

Esta esperanza mesiánica es imposible de aceptar para el resto y hasta podemos calificarla de antipática, pero cabe preguntarse si la supervivencia de Israel a través de la historia, solo fue posible al abrazar esa esperanza que mantuvo la fe en un Dios que aparentaba indiferencia antes sus sufrimientos. La respuesta que recibieron de los profetas entonces y de los ortodoxos ahora fue, “Dios está siempre presente, este sufrimiento que padecen ahora lo envió él mismo por sus pecados, pero también les promete un futuro de grandeza, un Mesías”.

LAS NEURONAS DE DIOS

Esto está de acuerdo con lo que afirma el científico e investigador Diego Golombek, quien en su libro “Las Neuronas de Dios” al hablar sobre los grupos religiosos y sus ritos afirma: “Cuántas mayores sean las obligaciones impuestas por el grupo, mayor será el nivel de entrega a ese mismo grupo”…  “cuando se analizan las comunidades que más han exigido a sus miembros en términos de ritos y obligaciones, resultan que son más duraderas que las liberales, que dejan más acciones sujetas a la voluntad de sus integrantes.”

Las Neuronas de Dios, no habla sobre Dios sino sobre nuestro cerebro y  nuestra mente. Como veremos la esperanza mesiánica es el producto de una necesidad sicológica de la humanidad que se alimenta de la adversidad y de la imposibilidad de resolverla por los propios medios.

Por otra parte el cerebro es un experto y voraz descubridor  de “patrones” y  relaciones “causa efecto”, aun donde no las hay.  Entre esas búsquedas no puede faltar la causalidad del dolor y la muerte.  La mente se satisface si encuentra una razón para lo inexplicable, para el movimiento de un astro o para el dolor y el sufrimiento. En esas circunstancias acepta con alivio y placer la fundamentación del dolor y la adversidad en función de una esperanza futura de restauración o sanación (En forma de Mesías si es necesario).

Esta fuerza sicológica no se aplica solamente en el plano religioso sino que surge con nitidez en el político social, donde frecuentemente aparecen los líderes “mesiánicos”, un mote casi siempre negativo que define a una persona de la que se espera que por sí sola resuelva  situaciones de adversidad que sufre el conjunto de la tribu, pueblo o nación.

No es infrecuente que “agrupaciones politicas” se  formen más como un grupo de “religiosos” con sus propios mitos, ritos, cantos y “becerros de oro”. El fanatismo político o ideológico es cada vez más frecuente.

JESUS EL MESÍAS

Jesús de Nazareth, fue un hombre de caracter y tuvo palabras muy fuertes y condenatorias hacia los sacerdotes y hacia el grupo de los fariseos, pero habló y vivió bajo una prédica constante de amor y servicio, con judíos y no judíos, con las clases altas y las más pobres y desposeídas. Fue un hombre que sembró esperanza, quizás demasiada. Sus discípulos esperaban su “venida” envuelta en la gloria de los cielos en el plazo de una generación. Claramente eso no sucedió. No era esperable entonces que pudiese ser reconocido como el Mesías anunciado por los profetas.

Por otro lado no hay nada en Jesús que sugiera una intención belicosa, destructiva o imperial. Sus palabras “mi Reino no es de este mundo” son definitorias al respecto. Quizás por esta razón la casta sacerdotal quienes en definitiva, más conocían las Escrituras, fueron también los menos propensos a aceptarlo, y lo ignoraron, o directamente trataron de sacarlo del medio.

La palabra Mesías se menciona muy poco en el Nuevo Testamento, apenas e 3 versículos del Evangelio de Juan:

3. Juan 1:41 – Este halló primero a su hermano Simón, y le dijo: Hemos hallado al Mesías (que traducido es, el Cristo).

4. Juan 4:25 – Le dijo la mujer: Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando él venga nos declarará todas las cosas.

5. Juan 9:22 – Esto dijeron sus padres, porque tenían miedo de los judíos, por cuanto los judíos ya habían acordado que si alguno confesase que Jesús era el Mesías, fuera expulsado de la sinagoga.

Pero como era de esperarse la palabra Cristo que es el equivalente a Mesías en griego aparece  383 veces. En este PDF pueden leer los 352 versículos donde se encuentra la palabra CRISTO: LA PALABRA CRISTO EN LA BIBLIA

Sin embargo aunque en algunos versículos parece mantener el significado original de Mesías. 1 Juan 2:33 ¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el CRISTO? Este es antiCRISTO, el que niega al Padre y al Hijo.

(Como puede observarse el Evangelio de Juan no es un modelo de mente abierta y no es el único momento donde los juanistas de revelan intolerantes en extremo.)

Pero en la mayoría de los pasajes,  el término Cristo parece liberado de ese significado. Por ejmplo en:  1 Pedro 3:18 Porque también CRISTO padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu;

EL SIERVO SUFRIENTE

Los teólogos cristianos es su permanente búsqueda de evidencias que demuestren que Jesús es el Mesías anunciado por los profetas, encontraron en el libro de Isaías, más precisamente en su segunda parte, en el capítulo 53, la descripción del siervo sufriente de Dios e inmediatamente relacionaron esta figura con los sufrimientos de Cristo.

Link a Isaías 53 (RV)

Haendel enfatizó esta conexión y escribió algunas de las áreas y coros más bellos sobre su texto. Una de ellas He was despised  (Él fue despreciado) basado en Isaías 51:3.

He was despised,
despised and rejected
Rejected of men
A man of sorrows
And acquainted with grief
El fue despreciado,
despreciado y rechazado
Rechazado por los hombres
Un hombre de penas
Y familiarizado con el dolor

El Cap 51 pertenece al Segundo Isaías. El análisis de este libro demuestra que el su texto:

  1. No fue escrito por el profeta.
  2. Es muy posterior a la pimera parte,
  3. Es contemporáneo de período de cautiverio en Babilonia.

Por estas razones hay otras explicaciones más actuales según las cuales el Siervo Sufriente podría ser una imagen de Israel cautiva, una imagen para generar empatía con propio sufrimiento, pero al mismo tiempo con la regeneración de la libertad y la identidad de la mano de Dios. Algo similar a lo que intenta el video al introducir imágenes de personas actuales que están en la misma situación de humillación, pena, y deseperanza.

Otra posibilidad es que estos versículos se refieran al mismo profeta Isaías, quien había sido perseguido, torturado y perseguido por el rey de Judá, Manasés, por su oposición a los pactos con Siria. El profeta finalmente murió cruelmente aserrado (partido).

EL MESÍAS NO ESPERADO

En definitiva los primeros cristianos, los discípulos y escritores de los textos del Nuevo testamento intentaron convencer a los judíos de esa época, que en Jesús se cumplía la esperanza mesiánica.

Este argumento fue rechazado por la mayoría del pueblo judío, creándose un fuerte disputa que generó una “grieta” en su sociedad. El Nuevo Testamento contiene muchos ejemplos de esa “grieta”. Por ejemplo en Mateo 10:21, Jesús pronuncia palabras terribles:

Porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros.

21 Y el hermano entregará a la muerte al hermano, y el padre al hijo; y los hijos se levantarán contra los padres, y les causarán la muerte.

22 Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre, pero el que persevere hasta el fin, ése será salvo.…

Los escritos del Evangelio terminan por tener frecuentemente afirmaciones condenatorias contra los judíos que son la génesis de muchos sentimientos antijudíos en la historia.

En mi opinión no hay forma de que la figura de Jesús coincida con la imagen y función que los judíos habían construido del Mesías: Un hombre, un enviado que los liberaría de la opresión y instauraría el Reino de Dios en el mundo. De hecho luego de la muerte de Jesús, un alzamiento contra los romanos, impulsado por este “espíritu” mesiánico, fue cruelmente aplastado por Roma y Jerusalén nuevamente destruida. Fue el comienzo de la diáspora.

Con el tiempo, el cristianismo se transformó en otra religión y la figura del Mesías, el Cristo, fue resignificada. El enemigo final no eran ya los romanos o los conquistadores de turno, sino la muerte.

Ambos Mesías tienen en común que aun se los espera, sea la primera o la segunda venida, pero en Jesús la esperanza radica ahora en la restauración de Reino de los Cielos, como lo expresa el Apocalipsis también llamado el libro de las Revelaciones:

Entonces oí una gran voz que decía desde el trono: He aquí, el tabernáculo de Dios está entre los hombres, y El habitará entre ellos y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará entre ellos. 4 – El enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni habrá más duelo, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas han pasado. 5 – Y el que está sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y añadió: Escribe, porque estas palabras son fieles y verdaderas.… (Rev.21:4)

MESIAS Y CONTROL

Pocos textos pueden expresar tan bien la función sicológica del Mesías. Superar el vacío de la muerte, el sentido del dolor, el terror a la nada, el horror al “no sentido”. El Mesías es un consecuencia de la esperanza, una cualidad humana que abona la construcción de futuros mejores y mesías religiosos o políticos.

En todos los casos, los profetas no adivinan, ni predicen el futuro, sólo crean instrumentos para controlar, satisfacer o postergar nuestras necesidades emocionales más básicas y primitivas. Esa podría ser en definitiva la misma función del Arte, pintar en nuestras mentes la convicción de que hay un alfa y un omega venturoso.

 

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Acerca de educavallo

Nací en la ciudad de Buenos Aires el 5 de mayo de 1952. Actualmente me desempeño como coordinador del area de computación del Colegio Bayard. También soy organista de la Iglesia Metodista.
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