☻☻ SHADOWLANDS – TIERRA DE SOMBRAS

SHADOWLANDS – TIERRA DE SOMBRAS

Es el título de un film inglés del año 1993 protagonizada por Anthony Hopkins y Debra Winger, producida y dirigida por Richard Attenborough. Basada en un hecho real relata la relación entre Clive S. Lewis (Jack) , eminente profesor de la Universidad de Oxford y la escritora estadounidense Joy Gresham.

TIERRA DE SOMBRAS

Debería haber publicado este material en la sección “Películas para la mente y el corazón”, y seguramente pocas películas merecen esta calificación como “Tierra de Sombras”. Al menos para mi sensibilidad, los aspectos cinematográficos son maravillosos. La fotografía, que oscila entre las grandes tomas y los primeros planos de los protagonistas (originaria-mente fue una obra de teatro), la música escrita por George Fenton, las actuaciones sobresalientes, los diálogos punzantes que describen un choque de visiones del mundo, visiones que paradójicamente acercan a los personajes y crean un lazo afectivo potente y profundo, todo esto hace de Shadowlands una película que moviliza, la mente y el corazón (hasta las lágrimas).

VER DATOS TÉCNICOS DE LA PELÍCULA

L AS CRÓNICAS DE NARNIA

El film está ambientado en 1950, y C. S. Lewis es ya muy reconocido como el autor de las “Crónicas de Narnia”, serie de libros fantásticos, que no he leído, pero conozco a través de la recientes versiones cinematográficas. Lewis era amigo y colega de Tolkien, el autor de El Señor de los Anillos, y ambos pertenecían al mismo círculo literario. Nacido en Irlanda, fue bautizado en la iglesia católica, pero en su juventud renegó de la fe. A los 30 años influenciado por Tolkien, se reconvirtió al cristianismo y tuvo desde entonces una participación muy activa dentro de la Iglesia de Inglaterra.

C. S. Lewis, recorría el país, dando conferencias sobre la fe en Cristo, y uno de los temas reiterados de sus mensajes es la antigua pregunta del creyente: ¿Por qué Dios permite el dolor?. Pregunta mucho más angustiante en la época de post guerra. Y es por esta razón que decidí incluir este texto como una entrada principal: Dios y el dolor.

DIOS Y EL DOLOR

EL DOLOR ES UNA HERRAMIENTA DE DIOS

Una y otra vez Lewis repite en sus conferencias una doctrina al menos sorprendente.

“Recibí una carta que me recordaba un accidente acaecido hace poco tiempo, donde fallecieron violentamente 24 jóvenes cadetes de la marina, y la carta hace una simple pero fundamental pregunta: ¿Dónde estaba Dios en ese momento?, ¿por qué no lo evitó?, ¿no se supone que Dios es bueno?, ¿no se supone que El nos ama? ¿Quiere Dios que suframos?

¿Que tal si la respuesta a esa pregunta es sí?

No estoy seguro que Dios quiera que seamos felices.

Pienso que El quiere que amemos y seamos amados, pero también quiere que maduremos. Yo les sugiero que porque El nos ama, nos regala el sufrimiento. Puesto de otra forma, el dolor es el megáfono de Dios para despertar a un mundo sordo.

Verán, somos como rocas sobre las cuales el escultor golpea con su herramienta, los golpes de su cincel que nos causan tanto dolor es lo que nos hace perfectos”.

No es difícil empatizar con la pregunta. A diario se producen hechos que nos conmueven y el desconsuelo nos hace preguntar sobre la voluntad de Dios. Hace unos días un grupo de niños que viajaron a Buenos Aires para probarse en un club de fútbol, regresaban en un vehículo. Un camión, en sentido contrario, mordió la banquina y el acoplado los aplastó. Ocho de ellos fallecieron.

Semanas atrás, una niña es secuestrada y a los pocos días es encontrada asesinada y ultrajada.

Hace 2 años un micro con estudiantes que había viajado al Chaco para apadrinar una escuelita, chocó frontalmente con un camión y fallecieron 9 jóvenes y los conductores del camión.

A diario se producen hechos de violencia. Accidentes algunos, criminales otros. En otra escala, los grandes e incomprensibles holocaustos que nos aturden, abrumados por la evidencia de que la humanidad es capaz de cualquier barbarie. Para el creyente que afirma que Dios es amor, que Dios está presente en cada segundo de nuestra vida, que tiene nuestros cabellos contados, la pregunta ¿dónde estaba Dios en esos momentos?, no es una pregunta menor.

C. S. Lewis intenta dar una respuesta. El dolor es una herramienta de Dios para perfeccionarnos. Para Lewis, la existencia del dolor no solo no niega el amor de Dios, sino que es una expresión de ese amor.

EL DOLOR PAGA DEUDAS

En el año 200o declaraciones del líder religioso ultra ortodoxo, el rabino Ovadia Yosef, provocaron un escándalo. En su habitual prédica con motivo del fin del Sabbat, Yosef dijo entonces que las víctimas del Holocausto (“esa pobre gente”), que eran asesinadas por los nazis, “no habían muerto gratuitamente, sino por la reencarnación de almas que habían pecado, gente que había transgredido, haciendo todo tipo de cosas prohibidas, que se reencarnaron para corregir su camino”.

En un reportaje posterior donde intentó explicar su posición Yosef se refirió a una variedad de puntos. En una parte se preguntó “¿Por qué Dios permite la muerte de un niño? No porque Dios es malo, sino porque ese niño es un alma pecadora reencarnada“.

El dolor adquiere así sentido. Para el rabino los nazis no solo no niegan la existencia de Dios, sino que fueron su herramienta. Esas víctimas tenían cuentas pendientes de vidas anteriores y el dolor que sufrieron pagó esa deuda.

Yo sé que parece loco o delirante, pero ése en definitiva es el argumento del rabino para explicar el dolor (el Holocausto) y sostener la presencia de purificadora de Dios. Encima del Dios de ese mismo pueblo ultrajado.

Según Lewis entonces con el dolor Dios nos cincela para perfeccionarnos. Para el rabino el dolor sirve para pagar deudas morales de otras vidas.

LOS DESIGNIOS DE DIOS SON MISTERIOSOS

Otra respuesta habitual, es que hay hechos que no se pueden explicar, porque los designios de Dios no se pueden desentrañar, al menos en esta vida. Escuché recientemente: “Cuando estemos cara a cara con Dios podremos hacerle esta pregunta y no habrá más misterio, ni dolor”.

C. S. LEWIS Y LA EXPERIENCIA DEL DOLOR

En el film, C. S. Lewis es mostrado como un hombre seguro de sí mismo, pero al mismo tiempo un hombre que ha construido una muralla donde vive seguro. Su rutina profesional, sus colegas, su hermano están bajo control. La publicación de un libro le permite volar con su imaginación y crear mundos fantásticos, pero donde está a salvo del dolor real. Todo esto cambia cuando conoce a Joy Gresham y a su joven hijo. El dolor se transformará, no en un tema de conferencia, sino en una experiencia profunda.

“Ayer, una amiga mía, una muy valiente, buena mujer, cayó con terrible dolor. En un minuto ella estaba de pie y bien, al siguiente minuto ella estaba en agonía. Está ahora en el hospital y esta mañana me han informado que sufre de cáncer. ¿Por qué?

Verán, si Uds. aman a alguien, no quieren que sufra. No lo pueden soportar. Uno quisiera tomar el sufrimiento para sí. Si incluso yo puedo sentir eso, ¿por qué Dios no?”

Un admirable Anthony Hopkins va dibujando en la pantalla la transformación visceral de la vida del escritor. El dolor ante la posibilidad de perder la persona amada, lo transfigura en cuerpo y alma. Sus doctrinas caen a pedazos. ¿Tiene el dolor algún sentido? En el proceso pareciera que se da la razón, que los golpes del “escultor” perfeccionan su fe. Ora intensamente, como nunca antes lo había hecho, pero tiene en claro que su oración no va dirigida a incidir sobre Dios.

“Chistopher puede burlarse, pero sé cuanto has orado Jack, y ahora Dios responde a tus oraciones.

No es por eso que oro, oro porque no puedo evitarlo. Oro porque estoy desamparado, oro porque la oración sale de mi todo el tiempo, despierto o dormido. Ella no cambia a Dios, me cambia a mí”.

LA ORACIÓN Y LA MÚSICA

Encuentro aquí un paralelismo entre la oración y la música. He sido testigo de muchas polémicas sobre cuál es la música apropiada para la alabanza a Dios en los servicios. En mi opinión a Dios le tiene sin cuidado la música que se utilice, porque la música en el servicio de alabanza no es “para Dios”, sino para los fieles. Son los fieles los que reciben la bendición de la música. Lo mismo sucede con la oración. Son los que oran los que son bendecidos por la oración, reciban o no lo que piden. Las palabras de Jesús “pedid y se os dará” deberían re interpretarse como un acto de fe sin garantía. Demasiadas veces hemos sido testigos de que la oración no ha sido respondida.

EL DOLOR Y EL AMOR

No todo dolor es producto del amor, pero el amor siempre es causa de dolor. Es el caso que plantea el film. El mundo seguro de Lewis se cae por el amor que nace entre él y Joy (sugestivo nombre). Joy le dice: “El dolor del futuro, es parte de la felicidad que tenemos”. Como comenzaba una hermosa predicación que escuché alguna vez: “Si no quieren sufrir, entonces, no amen”

EL DOLOR Y EL AMOR

EL DOLOR Y LA VIDA

En mi opinión, sería mejor sacar a Dios de la ecuación del dolor. Al menos la imagen del Dios Omnipotente y Todopoderoso. Cuando se afirma que Dios es Amor, no debe confundirse a la gente con ausencia de dolor. El ejemplo de Cristo es claro.

El Amor de Dios no conduce a la felicidad eterna. El mundo no se rige por el Amor, el universo tiene sus leyes. Dice Lewis en un pasaje del film “Qué mundo inseguro el que vivimos”. Y es realmente así. La vida es un milagro, un fenómeno extraño en un universo desolado, inhóspito, gobernado por fuerzas incomprensibles. La probabilidad es la ley que sujeta nuestro devenir. La probabilidad de nacer, la de morir, la de enfermar, la de tener un accidente, todo está determinado por ella, amenazante, esperando a la vuelta del camino. Es el precio que tenemos que pagar por vivir.

Nuestros actos, particulares o sociales, pueden modificar la probabilidad. Si fumo, si tengo una vida desordenada, si como kilos de azúcar, si vivo al lado del Riachuelo, si cruzo la avenida escuchando música y sin mirar, aumento la probabilidad de que un accidente me envuelva en el dolor. Si manejo ebrio, si desprecio la vida de los semejantes, si tengo poder absoluto, aumento la probabilidad de ser portador de dolor para los demás. En ese sentido, el dolor puede ser consecuencia de nuestros actos pasados. Pero no es Dios quien nos cobra. Es el precio que tenemos que pagar por vivir.

Es verdad también como dice Lewis que el dolor enseña, advierte, alerta, incluso mata, porque es parte de la vida. Pero no creo que Dios esté repartiendo golpes de cincel para modelarnos con el dolor. Así es la vida, el dolor es desequilibrio, y el desequilibrio es la madre del aprendizaje. Es el precio que tenemos que pagar por vivir.

¿Cuál es el rol de Dios? Acá me acerco a los que hablan de un misterio. Dios es un misterio, no pretendamos hablar de la totalidad de Dios. Solo existen aproximaciones humanas, tendenciosas, desvirtuadas y viciosas a veces.

El cristianismo afirma que Dios al morir en la cruz cargó con el dolor del mundo. Nunca entendí esta afirmación. El mundo siguió sufriendo y de qué manera!. Por intenso que haya sido el dolor de Cristo, lejos está de ser lo más doloroso que se pueda experimentar. Cristo no conoció el dolor de perder un hijo, una madre, una mujer amada. No conoció el dolor de la degradación mental, de la degradación corporal. Hay infinitas muertes peores. Cada cual tendrá entonces que tomar su “dolor” y cargarlo como mejor pueda. ¿Cuál es el papel de Dios entonces?

Para algunos el dolor se sublima en el más allá, el sueño de la vida eterna. Pero, ¿debemos fidelidad a Dios para obtener el premio mayor de la eternidad?. Se parece demasiado a eso que denuncia Cristo: El que quiera ganar su vida la perderá.

En lo personal creo que Dios nos da mandamientos, ejemplos, guía, sabiduría y luz, pero nunca estaremos a salvo, el dolor, como la muerte, nos alcanzará. Es el precio que tenemos que pagar por vivir esta vida. El más allá no es problema nuestro, porque Dios es el Dios de los que viven. En tanto aquí seguiremos pidiendo por luz en esta Tierra de Sombras.

VENI SANCTE SPIRITU

El film comienza con el ritual con que se abre el año en la célebre Universidad de Oxford. Imágenes grandiosas subliman el rígido procesional y para este momento Fenton escribió la música para un antiguo himno latino Veni Sante Spiritu. Debes serenar tu espíritu para apreciar su dimensión musical y espiritual.

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